História Alone... In the Dark - Capítulo 10


Escrita por: ~

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Categorias Gerard Way
Personagens Gerard Way, Personagens Originais
Tags Depresion, Drama, Problemas, Profesor, Romance
Visualizações 101
Palavras 1.991
Terminada Não
NÃO RECOMENDADO PARA MENORES DE 18 ANOS
Gêneros: Drama (Tragédia), Escolar, Poesias, Romance e Novela
Avisos: Adultério, Álcool, Drogas, Linguagem Imprópria, Mutilação, Sexo, Suicídio
Aviso legal
Os personagens encontrados nesta história são apenas alusões a pessoas reais e nenhuma das situações e personalidades aqui encontradas refletem a realidade, tratando-se esta obra, de uma ficção. Os eventuais personagens originais desta história são de minha propriedade intelectual. História sem fins lucrativos, feita apenas de fã para fã sem o objetivo de denegrir ou violar as imagens dos artistas.

Capítulo 10 - 🌹 Capítulo 10 🌹


Fanfic / Fanfiction Alone... In the Dark - Capítulo 10 - 🌹 Capítulo 10 🌹

 Mis manos tiemblan y la sangre sale a chorros de mis brazos, rápidamente corro y me amarro una venda en las heridas para que dejen de sangrar... No quiero morir, sólo quiero sufrir o sentir algo que por un momento me calme. Ya no sé cómo escapar, soy tan estúpida y lo sé, sé que cualquiera en la calle que me viera me diría que soy una infantil, inmadura y con falta de atención. Por favor... Sólo lo hago por mí y nada más por mí.

Tenía a mi padre que nunca quise, nunca tuve a mi madre y nunca la necesite, y aún así nunca he pensado que mis problemas son a causa de ellos porque principalmente ellos no me importan, mis problemas son míos porque son las consecuencias de mis acciones. Esto no significa nada y lo sé, sé que yo soy el problema y que necesito ayuda pero no quiero aceptarla, no quiero buscarla, no quiero tenerla. Simplemente dejaré que cuando me muera, piensen de mí lo que ellos quieran, no me importará el cómo me vea después de mi muerte, total, ya estaré muerta.

Comienzo a llorar y Gerard aparece en mi cabeza cuando no lo quiero, cuando no lo necesito, cuando no lo busco, el problema es que yo a él aún lo amo y lo anhelo.

Me recuesto en la cama y dejo que su recuerdo me lleve a un hermoso y profundo sueño.

(...)

Escondo las vendas entre mi chaqueta y gimo al lastimarme torpemente las heridas. Cierro la chaqueta y tomo la mochila para ir a la escuela.

Minutos después ya me encuentro en las instalaciones de la escuela, recorriendo tranquilamente sus pasillos para ir a mi primera clase del día: Geografía.

Busco un asiento y espero pacientemente a que el maestro llegue... No debe tardar mucho.

(...)

La penúltima clase termina, el maestro me observa curiosamente y se acerca a mí. Frunzo el ceño y lo miro a los ojos.

—Señorita Anderson, ¿qué tiene ahí?

Me confundo un poco por sus palabras y él toma mis manos. Empieza a subir levemente las mangas de mi chaqueta y yo me alejo rápidamente de él.

—¿¡Qué está haciendo!? —grito exasperada y me alejo rápidamente de él.

—¡Sabía que algo tenías tú! —exclama triunfador.

Trato de ignorar el hecho de que ignora que me está lastimando sólo para felicitarse en su gran descubrimiento.

En un momento me descuido y sube completamente mis mangas, las vendas con sangre salen a la luz y puedo notar su seriedad y la gravedad del asunto en su rostro... Me llevará con el director.

Comienzo a llorar y suplico que me deje ir y que no le diga al director pero es inútil, él toma mi mano y me arrastra hasta la oficina del director. Por suerte todos estaban en sus clases y no vieron mis brazos sangrantes por tanto jaloneo del profesor.

El profesor toca varias veces y después de un tiempo abre. Su rostro al ver mis brazos se pone casi blanco y rápidamente nos mete a ambos en la dirección. El maestro le explica todo al director pero yo ya no estoy escuchando... Es mi fin, me enviarán lejos a una clínica psiquiátrica, le informará a mi padre y él mismo se asegurará de que esté en esa clínica y todos, además de siempre, me verán aún peor en todo sentido.

Bajo la cabeza mientras enjuago mis lágrimas, mi mente va a mil por hora y ya ni siquiera puedo prestarle atención a los miles de regaños del profesor y el director hacia mí. Sólo quiero desaparecer.

Alguien entra interrumpiendo en la oficina y cuando levanto la cabeza, en mí aparece una pizca de esperanza. Me levanto y estoy por ir corriendo hasta sus brazos cuando él con la mirada me detiene y eso me parte el corazón. Entra apresurado a la oficina.

—¿¡Qué quiere, maestro?! ¡Estoy en algo de suma importancia! —alega el director totalmente fuera de control.

—Director, yo me encargo de esto, por favor déjeme encargarme de ella —dice Gerard suplicando.

—¿Y usted cómo sabe de ella? —pregunta ahora menos enojado.

—En realidad la acabo de ver con las heridas en sus brazos, la conozco desde hace poco pero puedo ayudarla.

—¿Y si apenas la conoce, entonces por qué quiere ayudar a esta joven inmadura? —vocifera aún enojado y sus palabras me hieren.

—Señor por favor, me gusta ayudar a la gente y más a la que necesita este tipo de ayuda. Por favor, me ofrezco como voluntario para llevarla personalmente a las terapias, puedo avisar a sus padres, puedo cuidar de ella en la escuela.

El director se queda pensando un poco y yo sólo puedo estar más preocupada y asustada al escuchar a Gerard decir todo eso.

—No puede hacer eso —susurra el profesor y el director lo manda a que se retire de la oficina.

—Señor, no quiero ninguna palabra de esto, ¿me escucha bien?, ninguna palabra —dice el director muy enojado antes de que el profesor se vaya y éste asiente con la mirada muy serio.

Sale de la oficina y ambos volvemos la vista al director.

—Acepto —murmura asintiendo.

Gerard sonríe y me toma fuertemente del brazo, pero antes de salir el director nos detiene.

—Quiero que lo cumpla al pie de la letra señor Way, lo despediré si no es así —avisa con la mirada seria.

—Por supuesto —responde en un susurro y asintiendo.

Salimos rápidamente de ahí y vamos directamente al patio que ahora debe estar desierto. Mi corazón se acelera y mis brazos palpitan dolorosamente. Llegamos y ambos nos sentamos en los bancos de las mesas solitarias del patio.

—¡¿Qué diablos te pasa?! —exclama totalmente enojado.

—Déjame en paz, Gerard. Estoy tan mal, sólo déjame en una clínica psiquiátrica —susurro bajando la cabeza.

—No lo haré. Te quedarás en mi casa los primeros días, después yo iré a tu casa y te cuidaré por las tardes —avisa tratando de controlarse.

—Gerard, sólo déjame sola. Te agradezco que me ayudaras con en el director pero la verdad es que nada cambió, sólo me descubrieron.

—No Lucy, a mí me importas y me preocupa que algún día alguien me diga que encontraron tu cuerpo desangrado —dice muy serio.

Toma mis brazos y sube las mangas, en su rostro se ve la sincera preocupación con la que me habla y yo me echo a llorar como una niña.

Va por medicamentos y cosas necesarias para tratar mis heridas y cuando regresa, cura cuidadosamente cada herida. Yo sólo quería salir corriendo de ahí, todo en mi cabeza comenzaba a salir a flote y yo estaba completamente confundida... ¿Por qué hace esto?

Cuando termina pone otras vendas y baja mis mangas, sube la mirada y me mira fijamente a los ojos, bajo la mirada y voy hasta sus brazos con los que me cubre en un cariñoso abrazo. Su aroma, el latido de su corazón, el cariño y amor con los que sus brazos me atrapan me hacen sentir bien nuevamente y dejo de llorar.

Me siento segura a su lado, nada más importa cuando estoy con él, lo reclamo, lo quiero, lo deseo. Pero él no es mio y nunca lo será, porque no debe estar conmigo, porque no puede estar conmigo, porque no es bueno estar conmigo y porque soy tan insensible que seguramente terminaré perdiéndolo de cualquier forma y eso me asusta, me asusta demasiado el que ya no esté conmigo a mi lado, que ya no me sienta protegida, que pierda la coherencia, estar sola... En la oscuridad.

Nos separamos lentamente, su respiración es lenta y sus ojos brillan fuertemente, me alejo de él y tapo mis ojos... Es tan difícil. Las imágenes de él con la maestra Beatríz aparecen y me torturan terriblemente. Él ya no es quien me protege y nunca lo fue, no puedo seguir con él más.

—¿Por qué todo debe ser tan complicado? —sollozo con el corazón partido.

—No Lucy, todo lo complicas tú. Lucy, sólo quiero estar contigo como antes, quiero dejar de pensar en los demás para concentrarnos en nosotros por favor —dice como si rogara.

Niego con la cabeza mientras vuelvo a llorar. Esto tiene que acabar o si no terminará peor que como vamos. No somos nada, no debemos ser nada y no quiero que seamos nada... Por ambos.

—Gracias por su preocupación profesor, pero ya no son necesarios sus cuidados. Necesito ir a mi próxima y última clase, ya he perdido muchas y no quiero perder más —murmuré cambiando de postura y limpiandome las lágrimas.

Debía terminar y yo tenía que hacer algo para que así fuera. Él suspiró frustrado y bajó la cabeza, se quedó así un momento y cuando volvió a mirarme ya no había ningún brillo en sus ojos.

—Muy bien señorita, la acompaño, vamos al mismo sitio —dijo cortante y quitó la mirada.

¿Qué? ¿Mi última clase es con Gerard?... Lo que faltaba. Ambos nos levantamos y a una distancia prudente, empezamos a caminar hacia el salón.

Todo ahora me hacía sentir peor y totalmente destrozada, ¿por qué diablos tuve que haberme conectado con él tan sentimentalmente? ¿por qué tenía que acercarse a mí y tratarme tan diferente? ¿por qué le seguí el juego? ¿por qué no puedo estar más con él? ¿por qué me engañó? ¿por qué no podemos estar juntos fácilmente?

Tomo el brazo de Gerard y pongo una mano en mi cabeza mientras cierro los ojos con fuerza.

—N-No me siento bien —susurro y después todo empieza a verse más oscuro, lento y pesado.

Lo último que veo antes de caer al suelo desmayada es el rostro preocupado de Gerard.

(...)

Abro los ojos y me mareo un poco pero después reacciono; estoy recostada en mi cama en ropa interior. Mi cabeza duele levemente y miro a mi alrededor,  estoy en mi habitación, ¿cómo llegué aquí? Lo último que recuerdo es a mí cayendo y a Gerard, pero nada más. Seguro que él me trajo pero... ¿Él me quitó la ropa?

Me ruborizo y me pongo un short ligero y una camisa suelta, salgo a la sala y lo veo acostado en el sillón. Sonrío mientras lo miro, tiene una pequeña cobija que lo cubre y parece totalmente incómodo en una postura un poco graciosa. Voy por una almohada y una cobija, y con cuidado de no despertarlo lo acomodo con la almohada y lo arropo.

Me paro un momento y lo veo. Suspira profundamente y su semblante está sereno, nunca lo había visto de esta forma y parece alguien tan joven y relajado. Me pongo de cuclillas a su lado y paso cuidadosamente mi mano por su cabello, acaricio su mejilla y deposito un corto beso en ésta misma.

—Ufff Gerard, me haces sentir como si fuera tu mundo completo, me haces llorar y me haces sentir tan bien a tu lado, no necesito nada más que estar contigo —musito y después vuelvo a mi habitación.

Cambio mis vendas y voy nuevamente hacia donde está Gerard pero ahora con más almohadas y cobijas, acomodo las cosas en el sillón de a lado y me recuesto ahí para observarlo mejor. Paso lo que queda de la noche mirándolo, y cuando amanece cierro los ojos y me quedo dormida en una pequeña siesta.

Para cuando abro los ojos, Gerard ya no está, ni las cobijas y las almohadas, así que me levanto rápidamente preocupada y decepcionada... ¿Acaso se fue?

Guardo todo y después de un rato lo veo aparecer por la puerta principal con bolsas de comida y café, suspiro aliviada y le aviso que voy a tomar una ducha. Y así lo hago, me pongo un conjunto en negro bastante cómodo y voy con él hasta la cocina.

—Espero que te guste la comida rápida —dice y yo asiento.

Ambos desayunamos en silencio, no es nada incómodo y nadie tiene que decir nada.

Acomodamos todo y 20 minutos después nos encontramos viendo cualquier cosa en la televisión, juntos en el sillón, abrazándonos cómodamente. Cualquiera que nos viera diría que somos una pareja de felizmente casados, pero la realidad es que él es mi profesor y yo soy su alumna, su estúpida, gótica y depresiva alumna.

Me recargo en su pecho y suspiro aliviada. He pasado otro día más...



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